Cuando se hace referencia al concepto “democracia”,
tradicionalmente se ciñe a la siguiente definición: “gobierno del pueblo”. En
los últimos años, varios intelectuales y académicos han coincidido en que esta
definición no basta en si misma para un verdadero ejercicio democrático en
sociedad, ya que, este término requiere ser complementado con valores,
practicas, gestos e ideas anexas.
El jurista
argentino Barsesat plantea que es necesario otorgarle una dimensión social a determinados
términos que por su sola enunciación en textos y discursos no reflejan una
praxis concreta en la realidad. Por esta razón, es conveniente agregar que para
una verdadera práctica democrática es necesario reflexionar críticamente, día a
día, sobre la experiencia cotidiana. Es aquí donde los términos y definiciones
bajan a la realidad de los pueblos y los hacen más o menos democráticos.
Una
vez aclaradas estas cuestiones teóricas, y observando las practicas y vínculos
que tienen lugar sobre todo a nivel nacional, entre el gobierno-oposición y
gobierno-prensa se vislumbran practicas muy poco democráticas como cuando se
desoyen los reclamos pacíficos de las personas, se dan conferencias de prensa
en el exterior y a los periodistas locales se los ignora y los tildan de
desestabilizadores, cuando existen exabruptos en el Congreso Nacional que dan
vergüenza ajena, estableciendo vínculos de odio y rechazo cuando todos
pertenecemos a la misma nacionalidad y compartimos el mismo amor por nuestra
patria, dando a entender que no les interesa aclarar los casos de corrupción
que involucran a integrantes del gobierno, o cuando el marido de Paula de
Conto, la mujer que denunció a Guillermo Moreno, comenzó a sufrir un duro hostigamiento
a través de amenazas, diversos casos de enriquecimiento ilícito, entre otras
cuestiones no menos importantes.
Por
todas estas razones, por un lado, es conveniente y sensato desde la sociedad
reclamar una política del desarrollo que esté por encima de una política de
lucha, de confrontaciones con el enemigo y odio… una política que se base en el
respeto, la tolerancia, la solidaridad, la cooperación, en el amor al prójimo,
en la capacidad de escucha y en la valoración de la republica. Por otro lado,
se debe volver al gobierno de las ideas y la ética, donde las mismas son guías que
marcan los pasos a seguir en el mundo real y en los vínculos sociales.
A
su vez, se deben retomar ejemplos como el de Hipólito Irigoyen que cuando fue Presidente
de la Nación donaba su sueldo a la Casa de Beneficencia y cuando sus alumnas
necesitaban materiales bibliográficos, él decía que la dirección se haría cargo,
cuando en realidad los fondos salían de su sueldo.
Ejemplos como el de Nelson Mandela que lucho durante
años contra un sistema hiper racista denominado Apartheid en Sudáfrica, que le
significo parte de su vida en la cárcel y fuertes hostigamientos a su familia
en sus eternos sueños de libertad e igualdad.
De esta forma el Comité Arturo Illia y la Juventud
Radical de Benito Juárez invita a reflexionar acerca del modelo de país que
deseamos tener e instan a trabajar en democracia para la democracia, resaltando valores e ideas por encima de caprichos, conductas
antidemocráticas e intereses personales y egoístas. Buscando un horizonte de
paz y libertad para todos aquellos que habiten el suelo argentino.
COMITÉ “ARTURO ILLIA”
JUVENTUD RADICAL
U.C.R




